¿Nietzsche y Medellín?


Escena de la película "La virgen de los sicarios" del director Barbet Schroeder inspirada en la novela homónima de Fernando Vallejo.

El texto que hoy aspiro a presentarles no se trata de una teorización ni critica hacia las formas en que la historiografía aborda el problema que presentaré, sino que mas bien quiero escribir como habitante de una ciudad que toda mi vida he amado y me ha enseñado a ser quién soy a partir de los conocimientos específicos a los que dedico mi vida. (Una vez terminado el disclaimer dedicado a los puristas de la Historia comenzaré)

Hace varios días estuve leyendo el texto de Friedrich Nietzsche titulado “De la utilidad y los inconvenientes de la Historia para la vida” en el cual presenta una serie de criticas hacia la forma de pensar y producir la historia cuestionando también la utilidad de dichas formas para aplicarlas a la utilidad de la vida misma. El foco realmente estará puesto en lo que Nietzsche menciona como modo Histórico y A-histórico de vivir, así como el concepto de Fuerza plástica que será desarrollado más adelante, de una forma muy sencilla los modos Históricos y A-históricos radican en el peso del recuerdo en el sujeto y como el considera que el modo A-histórico se configura cuando se vive sin la carga del pasado adjudicándola a alguna especie de animalidad de manera NO peyorativa, lo interesante de esta explicación radica en el paradigma de la felicidad ¿llega a ser mas feliz el sujeto que olvida o quien vive con su pasado a cuestas? Es una pregunta que resulta fácil a la vista teniendo en cuenta el peso de la emocionalidad que el pasado contiene, sin embargo y el mismo Nietzsche lo afirma en su texto, este estado de continuo olvido sería una felicidad que ronda el marco de lo estático, es decir puede haber felicidad porque no hay factor recuerdo que enturbie la tranquilidad, la otra posibilidad también podría resultar fatídica, una especie de siempre recordar que llega a generar la sensación de que todo es un lugar común, ahora bien, no todo está perdido (ni para Nietzsche ni para mi), la felicidad puede oscilar entonces en una combinación entre el modo Histórico y A-histórico de vivir, poder olvidar y recordar en un balance perfecto, como ese que siempre se ha aspirado encontrar entre la pasión y la racionalidad.

En este sentido, con respecto al pasado es donde la historia y la utilidad de la misma entra en relación con lo que Nietzsche aborda en su texto y el propósito de este, ¿es útil la historia para Medellín? Y mas allá de mencionar las situaciones precarias del patrimonio, archivo y oportunidades laborales de la historia como oficio, quiero abogar por la utilidad de la misma para los habitantes de la ciudad y la inquietud sobre si realmente el olvido nos ha hecho más felices.

Para nadie es ni será un secreto el pasado doloroso y violento de Medellín, y menos secreto serán las iniciativas y proyectos que han desarrollado desde los diferentes gobiernos por establecer la verdad y preservar la memoria tanto de la ciudad como del país, esto si bien, es considerado como un ejercicio de memoria (no reprocho el concepto de memoria para estos proyectos que son tan útiles) sin embargo, ¿Qué sucede en la población cuando la verdad ya ha sido confesada? Cuando, si se quiere nombrar por términos historiográficos el hecho ya está narrado en el archivo ¿Es acaso esta una forma de compensar y equilibrar la necesidad de olvido y recuerdo, para generar eso que Nietzsche llega a proponer como el equilibrio de la felicidad entre los modos históricos y A-históricos? Con las preguntas anteriores no pretendo desprestigiar ninguno de los intentos para el esclarecimiento de la verdad al respecto de la violencia que ha vivido la ciudad que habito, sino que más bien me refiero al impacto de estos proyectos en las dinámicas sociales actuales, y no porque estos proyectos por si mismos no generen ese impacto sino que más bien es pensar como estos proyectos no llegan a ser suficientes para quien encuentra la felicidad en el olvido permanente, y este es el punto, mucho se ha dicho que Medellín es una ciudad sin memoria, y afirmo que lo anterior es una completa falacia, no es que esta sea una ciudad sin memoria sino ¿cuan doloroso es el pasado (reciente) que se debe recordar para preferir la “estabilidad” del olvido o en palabras de Nietzsche el modo A-histórico? (Y esta pregunta no la hago desde el tono pretencioso y despectivo que muchas veces encarna el pseudo científico social, sino que precisamente radica en aceptar que ese método A-histórico en las mismas palabras de Nietzsche es una atmósfera protectora).

Esto tampoco pretende tratarse de un sermón desde mi escritorio sobre lo importante del pasado y la necesidad de recordarlo, ni mucho menos llegar a la frase de cajón de “quien no conoce su historia está condenado a repetirla” porque en este caso ya no tengo que encargarme a partir de argumentos abstractos de tacharla como falacia, sino que las mismas dinámicas violentas de la ciudad que están resurgiendo ya se están encargando de hacerlo por mí.

Ahora bien y para no perder el rumbo Nietzscheano, en el mismo texto el autor menciona el concepto de fuerza plástica, esto bajo mis modestas palabras radica en la fuerza que tiene el mismo sujeto para crecer desde la propia esencia, transformar lo que es pasado y en ese sentido asimilarlo, es decir, como una sociedad regula y gestiona su historia, como logra hacerla productiva para su avance, y avance no términos del progreso, sino en términos de seguir consolidándose como una red estable para sus habitantes, así mismo, esta fuerza plástica termina refiriéndose a la posibilidad de hacer útil la historia cuando se entiende la necesidad de olvido/recuerdo a partir de lo que se está viviendo, y en ese sentido me pregunto ¿Dónde está la fuerza plástica de nosotros los habitantes de la ciudad teniendo en cuenta el comeback de violencia que estamos presenciando? ¿Qué estamos haciendo también los historiadores para darle uso a un pasado no muy lejano que aun necesitamos comprender y combatir? ¿O será que desde nuestro oficio también hemos llegado a la comodidad/felicidad cínica del olvido de nuestro propio pasado bajo el estigma de que la cuestión simplemente radica en la memoria y eso no es Historia como tal?

Termina siendo evidente, que no solucionaré nada con todos estos párrafos y quizás mucho menos con mi profesión, pero escribiendo ya como la ciudadana y no como la pseudo historiadora quiero abrir la reflexión desde un punto académico a pensar y considerar los hechos recientes de nuestra ciudad, y no hablo de años, sino de meses, semanas o incluso horas, es idealista, pero la historia no es solo para que se empolve en los libros, sino que vive en todos nosotros y depende de nosotros mantenerla viva e igualmente útil o rezagarla precisamente a la comodidad del olvido.


- Malestar, o quizás Ana.


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