¿Es el ejercicio docente una irrupción de la infancia?

    

   Para comenzar a responder la pregunta que concierne a la escritura de este texto me parece puntual iniciar con las definiciones de cada uno de los conceptos que hacen parte de la estructuración de la misma: ¿Qué es un docente? Según Deleuze y Guattari en su texto Mil mesetas capítulo Postulados de la lingüística, esto es lo que sucede cuando se está inserto en la máquina de enseñanza (en la que obligatoriamente está el docente e inevitablemente lidera): “La maestra no se informa cuando pregunta a un alumno, ni tampoco informa cuando enseña una regla de gramática o de cálculo. ―Ensigna, da órdenes, manda. Los mandatos del profesor no son exteriores a lo que nos enseña, y no lo refuerzan. No derivan de significaciones primordiales, no son la consecuencia de informaciones: la orden siempre está basada en órdenes, por eso es redundancia. La máquina de enseñanza obligatoria no comunica informaciones, sino que impone al niño coordenadas semióticas… Hay que definir la abominable facultad que consiste en emitir, recibir y transmitir las consignas. El lenguaje ni siquiera está hecho para que se crea en él, sino para obedecer y hacer que se obedezca” -pág 81 Siguiendo la línea de lo señalado por la anterior cita se puede deducir que el ejercicio docente no es más que una tarea de entregar órdenes y coordenadas al educando imposibles de entender pues el lenguaje no está hecho para aquello y es el lenguaje mismo el único vehículo que posee la máquina de enseñanza. Ahora bien, en esta misma vía aunque el docente dicte las órdenes él tampoco las entiende y si es el lenguaje a su vez es una herramienta netamente semiótica (es decir de reconocimiento del signo) ¿Dónde quedan los rezagos de los signos que el docente desde su inconsciente ha convertido en símbolos de su infancia en las órdenes que da a sus estudiantes? Para contestar a la anterior pregunta es fundamental continuar con el siguiente concepto ¿Qué es la infancia? Antes de responder, es importante afirmar sobre la anterior pregunta que un signo es algo que representa una cosa y el símbolo es el proceso de significación e identificación al que remite el signo, ejemplo la identificación de una imagen (recuerdo de una vivencia de la infancia) y representación (recuerdo de las sensaciones puntuales que transmitió vivir aquel recuerdo y plasmarlo en algo tangible) por lo que este proceso de simbolización de la infancia puede quedar oculto en el inconsciente y solo saber que el signo trastoca pero no haber identificado puntualmente qué es lo que trastoca dicho signo, por lo que no se culmina el proceso de simbolización del signo y sigue irrumpiendo como por ejemplo lo explica el texto de Muzzopappa Irrupciones de la infancia. La narrativa de Silvina Ocampo en su segundo capítulo Las irrupciones de la infancia: problema teórico a lo que me remitiré con las siguientes citas: “En infancia e historia (2007) Agamben plantea que infancia y lenguaje se transmiten mutuamente “en un círculo donde la infancia es el origen del lenguaje, y el lenguaje, el origen de la infancia” (66)... La infancia no es un estado que se deja atrás cuando se ingresa a la lengua, sino que sobrevive de manera conjunta con ella y, por tal motivo, irrumpe” pág 58 “En tanto que el hombre tiene una infancia (in-fale, no habla) entra en la lengua y la modifica; esa modificación o intervención es el discurso que conlleva a la expropiación de la infancia. La “doble significación” a la que hace referencia Benveniste, definida por lo semiótico y lo semántico funciona como límite en el que se pone en juego la infancia del hombre” pág 59 Por lo que mencionan las citas anteriores es clave pensar que la infancia es una cuestión ciertamente reprimida que se pone en tensión cuando se utiliza el discurso, es un lugar almacenado del sujeto en que opera lo que identificó y lo representa en su discurso de manera consciente o inconsciente. Así pues la infancia es un estado que está latente en el sujeto mientras el discurso esté presente, pues en la misma línea de ideas del texto anteriormente citado “La infancia no forma parte de un pasado, sino del presente en el adulto” y “La infancia que no es una edad de la vida y que no pasa”, por lo que el sujeto a mi parecer en medio que utiliza el lenguaje está cooptado por la dicotomía entre la semiótica y semántica, que a su vez representan una dualidad también mencionada en el segundo capítulo del texto de Muzzopappa, que alude a la de la niñez en el adulto (como las cuestiones albergadas en el inconsciente que logran escapar a la realidad tácita) y la madurez en el niño (una madurez que adquiere por medio del lenguaje y las lógicas que comienzan a estructurar su inconsciente). Así que, en conclusión la infancia es un devenir que está completamente ligado al lenguaje y que sin él no deviene, por lo que si el lenguaje es la vía más legitimada para la enseñanza es a su vez la vía más legitimada para que la infancia intervenga en el discurso del sujeto y así se cuele entre las órdenes que el docente por medio del lenguaje dicta a sus estudiantes, entonces es ese mismo lenguaje que no cambia, un canal para la simbolización inconsciente de la infancia del docente en medio de las órdenes que genera a su estudiantado y es inconsciente en la medida de que el lenguaje tampoco está dado para entenderse, entonces así quedan en medio de las palabras las órdenes inconscientes de la infancia del docente en las mismas órdenes que da a sus estudiantes. ¿Qué son las irrupciones de la infancia? Retomando a Muzzopappa en el texto anteriormente citado una irrupción de la infancia podría definirse de la siguiente manera: “En cambio cuando la infancia irrumpe, algo pasa que impide, detiene o trastoca la narración, porque la lengua se enrarece y ese estado suspende las certezas, a veces ya no se sabe bien quién narra, o bien se desvanece el despliegue temático. Cuando la infancia irrumpe el discurso de sobresalta, porque retorna algo de su origen mundo, momento previo al que el hombre hace su entrada al lenguaje (Agamben 2007). El discurso se vuelve extraño” pág 58 Partiendo de esta cita y llevándola al plano discursivo del ejercicio docente, la narrativa de las órdenes que el maestro da a sus educandos se enrarece, se trastoca en la medida que es el inconsciente del sujeto el que toma el poder de las órdenes que da utilizando el lenguaje como único medio para la simbolización de los signos (sin simbolizar) de su infancia. Conclusiones: Para concluir es preciso decir entonces que el ejercicio docente per se no podría catalogarse como una irrupción de la infancia tácitamente, pues quizás en la elección de la profesión hay un proceso “consciente” al respecto de la decisión, sin embargo pienso que las formas discursivas en que los educadores dictan sus clases sí pueden verse plagadas de irrupciones de la infancia pues como ya mencioné antes el lenguaje no es algo que esté hecho para comprenderse y en medio de esa incomprensión de las órdenes dadas a los estudiantes pueden escaparse un montón de simbolizaciones inconscientes de la infancia, por lo que el plano discursivo si podría catalogarse cómo una irrupción de la infancia, y no solo en el marco de las órdenes, sino también en las posturas que toman los educadores en medio de diferentes situaciones que pueden verse agenciadas por vivencias infantiles alojadas en el inconsciente sin representar que surgen a la luz por medio de diferentes actos donde entonces el signo si encuentra su simbolización así sea dentro del margen del inconsciente.



-Malestar (en uno de mis tantos trabajos universitarios)

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