Ha instaurado una necesidad casi frenética de consumir que no queda netamente en el marco virtual, sino que se extrapola a las presencialidades, el frenetismo por consumir cuerpos no queda solo en el porno o en las constantes fotografías hiper sexualizadas que se encuentran en redes sociales, sino que se va hasta las relaciones afectivas, se va hasta el punto de que el otro es un instrumento para mi, un instrumento para mis necesidades sexuales, afectivas, económicas, etc. No hace falta un otro en especifico, sino un otro que tenga un cuerpo que pueda ser instrumentalizado y desechado en cuanto deje de servir, como si se tratara de un gran capitalista buscando qué maquina reemplazaría mejor a otra. y esto solo demuestra una cosa, que el capitalismo ha triunfado hasta en lo más "humano" que es amar y nosotros lo hemos permitido.
¿Cómo transitaremos el amor cuando las maquinas hayan triunfado sobre nosotros? ¿Dejaremos de sentir y pensar al otro como un instrumento para tomar en consideración su forma humana o por el contrario en este aspecto también nos fundiremos con la máquina y el otro será un objeto más que solo vale por su utilidad? ¿Llegaremos al punto en que la imposibilidad de amarnos nos retornará a las ansias de los amores pueriles propios de los cuentos de Caicedo?
-Malestar.

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